jueves, 16 de marzo de 2023

La Amistad

 He cambiado más de amigos que de bragas. 

No sé si tendrá algo que ver con todo esto, pero no tengo un grupo fijo de amigos desde la infancia y estoy aprendiendo que no pasa nada. 

No recuerdo a nadie de mi circulo cercano ser cruel conmigo cuando íbamos al colegio, pero sí recuerdo empezar a hacer comparaciones. 

¿Joder, por qué ella no tiene barriga y yo sí?

¿Por qué yo no puedo comprar los mismos pantalones que mi mejor amiga?

¿Por qué ya no entro en la ropa de esta tienda?

Dejé de ponerme ropa que me gustaba para empezar a llevar los pocos pantalones que me venían sin tener que ir a la sección de señora. Mis piernas siempre han sido mi mayor problema. Son grandes, duras, anchas. Las odiaba. Aún las odio a ratos.

Entre comparaciones y cambios de grupos de amigos recibí el comentario que probablemente más daño me ha hecho inconscientemente...

Mi mejor amigo me dijo que era la mujer perfecta, que podría tener al hombre que quisiera... si no fuera por mi cuerpo.

Probablemente las palabras exactas no fueran esas, pero sea cual sea la manera en la que las conjugues el resultado siempre es el mismo... Una brecha enorme en mi confianza. Un peldaño más abajo en la escalera del Hambre Cruda.

Herencias

 Desde aquel día los comentarios han sido recurrentes. 

Quiero aclarar, antes de empezar, que la persona que ha tenido uno de los papeles más importantes en esta historia de declive ha sido también una de esas a las que quieres con todo el corazón. 

Mi abuela fue una de esas jóvenes guapas. Tanto, que mi abuelo se enamoró de ella con sólo verla. Tenían 13 años y desde entonces han estado juntos. Crecieron, tuvieron tres hijas a las que aman, y mi abuela, sin querer, desarrolló una obsesión con el culto al cuerpo. Una obsesión que hemos heredado. 

No sé con cuántos años me lo dijo por primera vez, sólo sé que desde ahí sólo fue a peor.

La sensación de vacío que te queda dentro cuando una persona a la que adoras te dice que hay algo mal en ti es acojonante. ¿Cuántas personas habrán tenido que sufrirlo?¿Cuántos han tenido que vivir el cumplido más dulce seguido del hachazo más profundo?

Qué guapa eres, si estuvieras más delgada...

¿Sabes qué es lo más duro? Saber que ni siquiera lo hace con maldad. No te lo dice para hacerte daño, sino porque ella misma lleva torturándose toda su vida por no ajustarse al canon ideal de belleza. No quiere que te duela, quiere que seas mejor de lo que ella ha podido ser. No puedes culpar a alguien que lleva a las espaldas la mochila más pesada... Cuando esa persona no ha tenido los recursos para enfrentarse a sus peores pesadillas. 

Imagina 27 años sintiendo un nudo en el estómago cada vez que cruzas el umbral de la casa de alguien a quien quieres. Entras con miedo porque sabes que, un día más, tu cuerpo no será suficiente para ella.

El primer adjetivo

En mi familia la comida siempre ha sido una celebración. Los domingos, en la huerta, se hacía asado y se brindaba, al igual que entre semana se solía comer en plato hondo y con cuchara. 
Nunca tuve problemas con probar menús nuevos, con disfrutar de sabores y texturas diferentes...
La comida era una fiesta.

Hasta que empezó a pasar.
¿En qué momento tomas consciencia de las diferencias? 
Probablemente en el instante en el que aparece el primer comentario despectivo.
Tú eres más que...
Tú estás menos que...
Tú... estás gorda.

Joder. Putos niños.
Creo que fue la primera vez en la que alguien me atacó por mi físico. Mi madre amenazó a aquel subnormal, hecho por el que más de uno se llevaría manos a la cabeza, pero yo se lo agradecí.
Quizás aquel comentario fue el principio de todo. Puede ser.